El cine del corazón
Los tonos mayores, de Ingrid Pokropek, tuvo su estreno en el Festival de Mar del Plata en el 2023. Su protagonista, Ana, es una niña de 14 años que vive con su padre, un pintor y profesor de pintura. Durante las vacaciones de invierno descubre que, mediante la placa de metal que tiene en el brazo por un antiguo accidente, está recibiendo un extraño mensaje en código morse. Es un cuento fantástico de lluvia, mensajes secretos y clases de pintura.
Lo que trajo la tormenta, de Miguel de Zuviría, se estrenó en Argentina este 2026 y actualmente puede verse en Arthaus. Se centra en Manuel, que está pasando por una ruptura con Camila y, al mismo tiempo, debe replantearse todo el proyecto artístico que ha sido su foco durante los últimos años. Para que Camila tenga tiempo de empacar, se marcha a un lugar costero, donde continúa su obsesión por grabar sonidos de todo tipo. Su inercia sobre el futuro se verá desafiada por algo extraordinario que le sucede en la playa.
Una tarde nos sentamos con estos jóvenes directores a conversar sobre sus óperas primas, sobre los géneros y sobre el futuro del cine.
LA20: Últimamente vemos muchos cineastas haciendo películas que trabajan con los géneros. Quizá tenga que ver con la búsqueda de ampliar el público, a la vez que con cierta coincidencia de sensibilidad o estética. Como si en este momento algunos géneros permitiesen pensar mejor las cosas que pasan que ese estilo festivalero un poco ambiguo que podemos llamar “películas de autor”. Tanto en Los tonos mayores como en Lo que trajo la tormenta hay una inclinación a trabajar el fantástico, la ciencia ficción, incluso el coming of age.
IP: Para mí el género es una manera de trabajar ciertos temas o ciertas problemáticas de manera concreta y no simbólica. Los tonos mayores es un coming of age, es sobre crecer, sobre una chica que está viendo cómo su amiga ya chapa con pibes y ella no, cómo su papá establece una nueva relación y ella todavía no superó la muerte de su madre, etcétera. A la par de eso hay una placa de metal que le está quedando chica, que se la van a reemplazar porque está creciendo, y hay un enigma invisible que tiene que ver con su cuerpo. La adolescencia tiene que ver también con eso, con el cuerpo como un lugar misterioso y enigmático y lleno de preguntas. Me parece que hay algo lindo del género, que históricamente… no sé, como las películas de monstruos que respondían al miedo por la bomba nuclear. Es una manera de trabajar ciertos temas de una manera más lúdica, divertida. En la película hay una escena en la que los personajes están viendo Encuentros cercanos del tercer tipo (1977). Ahora no hay contraplano de la tele, sino que se escucha un doblaje inventado por unos mexicanos que contratamos para que hicieran un español neutro, y los diálogos están reinventados y la música también está reinventada porque no pudimos conseguir los derechos.
MZ: En Lo que trajo la tormenta es muy consciente la idea del género fantástico ingresando como elemento para jugar con la ficción. Tomando una idea de “El Sur” de Borges (darle a un personaje la posibilidad de morir de una forma más digna), en esta película hay un elemento sobrenatural que le da al protagonista la posibilidad de vivir su vida de maneras diferentes. Pensé en el fantástico, no sé si pensé tan conscientemente en la ciencia ficción, pensé más en el melodrama en general, por eso tanta presencia de música. El melodrama pensado de una manera a la Douglas Sirk, ponele, que tenía que ver con un personaje que está derrotado, un fracaso tanto amoroso como profesional que crea un ambiente sin escapatoria. Eso permite que ingrese el fantástico, los juegos con la ficción, y después bueno, creo que la película se va hacia el melodrama nuevamente. El gran problema que tiene el protagonista de la película es pensar el amor como algo individual y no como algo de a dos. Es una problemática muy actual la idea del individualismo.
LA20: Eso de los personajes buenos puede pensarse en ambas películas. De alguna manera, ninguna tiene sin grandes villanos.
IP: Total. Es algo consciente para mí. André Bazin tiene una frase muy linda sobre los cineastas humanistas, y habla de Renoir, de Chaplin, de De Sica, y dice que en las películas de De Sica el mal no está en el corazón de los hombres sino que está en alguna parte del orden de las cosas, y esa me parece una idea muy bonita porque, no sé, yo no soy tan fan del cine de la crueldad, donde hay personajes que simplemente están dándose un latigazo o dándole a otros un latigazo. Lanthimos, Von Trier. Son cineastas que no me interesan particularmente, y en ese sentido me gustan un poco más los humanistas. En Los tonos mayores… la amiga pueda ser un poco dura con ella, con el personaje de Ana, cuando no le cree lo que le está pasando en el brazo. Pero que también lo sea porque está en otro momento de la vida y se siente más madura. Entonces, siento que mi intento, que no sé si me salió, es tratar de entender a todos los personajes. El papá tampoco quiere ser egoísta con la hija, sino que hace lo que puede.
MZ: Sí, es la idea de construir personajes que no sean simplemente una caricatura. Está el personaje de Ripoll, que es el dueño de la fundación que le rechaza el proyecto al protagonista, con el que se juega en un cierto punto con la posibilidad de un personaje más trillado si se quiere, como el empresario garca. En una segunda parte de esa escena la cosa se transforma y lo humaniza mucho más de alguna manera, porque al final de cuentas me parece que uno dice “tiene razón este tipo”, por más que parecía un boludo con guita en un principio.
LA20: Ambos se formaron y trabajaron en muchas películas de El Pampero Cine, que es una productora que ha logrado algo parecido a una estética. Sin embargo ustedes hicieron dos películas que van por una línea de una narración más clásica. Ingrid, en tus cortos es claro que hubo una progresión o un cambio con Chico Eléctrico (2021). ¿Cómo piensan esta filiación y este trabajo más “clásico”?
IP: El Pampero me enseñó que filmar no es algo inalcanzable, sino que es algo que está a la mano. La producción y la dirección son inseparables: no hay un director con grandes ideas y después viene un productor que viene a limitarlo. En Los tonos mayores nos pasó un montón, que si bien no se transformó tanto el guion, sí hubo escenas que se escribieron meses después de haber empezado el rodaje. Ahí yo trabajé mucho editando con Miguel1 y con Walter Jakob. Pero en una cuestión más estética yo siento que me abro un poco de El Pampero. Siento que evidenciar el dispositivo también es generar un distanciamiento con el espectador. La conexión emocional o el “suspension of disbelief” se pierde. Desde Chico Eléctrico empecé a interesarme más por trabajar con una conexión emocional con el espectador. Decidí priorizar más eso que el juego con la forma.
MZ: Sí… En nuestro caso creo que es difícil encarar las películas habiendo sido tantos años parte de El Pampero. Yo produje Lo que trajo la tormenta de una forma muy similar a ellos. Pero no quiero que después otros digan “che, esto es una película de El Pampero”. Creo que nuestra madre en todo eso fue Trenque Lauquen (2022), que fue la película que más tiempo de nuestras vidas ocupó. En mi caso fueron cinco años más o menos editando esa película, en el caso de Ingrid un poco más produciéndola.
LA20: Otro lugar de formación que compartieron es la FUC (Universidad del Cine). ¿Qué creen que se llevaron de ahí?
MZ: Yo creo que fue algo mucho más formativo, más académico, que práctico. Yo venía con una cabeza chipeada de otra manera, miraba muchas películas porque en el colegio vendía DVDs truchos. Empecé a mirar Woody Allen, Woody Allen me llevó a Bergman. Ahí pasé por Hitchcock, también veía a Gus Van Sant. Lo que me pasó en la FUC es que me encontré con ese cliché del “cine FUC”, me encontré con Godard. Y de repente encontrarme con que había una forma de hacer cine que no tenía nada que ver con todo lo que había visto me cambió la forma de pensar en hacer las cosas.
IP: Yo creo que lo que tiene de bueno la FUC es que hay profesores que te enseñan a pensar el cine de una forma que no tenías de antes. Me acuerdo que, en las primeras clases de guion, Mariano Llinás dijo algo que para mí fue muy revelador: que uno puede ser un autor completo. Desde el momento en que estás escribiendo un guion ya estás pensando de manera cinematográfica, ya sos un cineasta cuando estás escribiendo un guion. Y yo dije, “ah, listo, bueno, yo quiero ser esa cineasta”. Respecto a la cuestión más cinéfila, la FUC tiene un entusiasmo muy grande de invitarte a la secta, a descubrir directores y a descubrir cines de otros lugares del mundo. Dentro de la FUC es una rareza la relación tan fuerte con Godard, es casi lo que se dice una minoría ruidosa.
LA20: Volviendo a esa idea de un cine que apele al corazón, ¿ambos la sienten como algo que busca llegar a un público más grande también?
IP: Para mí sí. Lo que me acercó al cine en primer lugar fue la emoción. En los últimos años empecé a retomar ese interés de la Ingrid más chiquita de volver a interesarme por algo de la emoción que una película podía generar. A mí me pasa una cosa que es que, si la próxima película la quiero hacer con más plata que la anterior, no es por una cuestión de que querría hacer las cosas de manera muy distinta. Me gustaría que la película pudiera llegar a más público porque tengo ganas de que la vea más gente. Es el gran problema que tiene el cine argentino: la exhibición.
MZ: No creo que yo haya hecho la película buscando un público, la verdad. Sí me interesa obviamente que la película se vea lo más posible. Todos estamos haciendo películas y buscando hacerlas, pero hay muy pocos ocupándose de la exhibición.
LA20: ¿Cuánto les importa lo que diga la crítica sobre sus películas?
IP: Yo me decepcioné un poco después de que la película se estrenó en el Festival de Mar del Plata. Los tonos mayores no la fueron a ver muchos críticos, ni mucha gente externa de mi círculo más cercano. Pero después del estreno en Berlín y del premio en Jeonju empezó a haber un poco más de interés en la película. Me gusta y me interesa hablar todo. Me gusta saber lo que otra gente que no conozco tiene para decir de la película.
MZ: El comentario villano de Letterboxd es algo que no me interesa ni medio. Pero sí me interesa la crítica en el sentido de entender. Creo que, en base a lo que otros piensan y escriben sobre la película, uno entiende o empieza a entender qué es lo que hizo.
LA20: ¿Y cómo se llevan con esa tendencia de la crítica, que quizá en este momento cobra más espacio, a leer las películas de una manera más ideológica?
IP: Cuando uno es un operaprimista y nadie te conoce, hay muchos críticos que sacan unas notas así medio de cajón, sin opinar demasiado de la película porque todavía no fue validada. Y también siento que, cuando una película viene con un tema de agenda o con una cuestión política, ya está un poco más blindada y es un poco más difícil para un crítico escribir mal sobre ella. Eso me molesta un montón.
MZ: Ese tipo de películas van un poco en contra de lo que pienso yo de la construcción de personajes. Porque lo que veo mucho en esas situaciones son personajes básicamente enunciando ideas, gritando lo que uno espera que griten, ideas que son del director o del guionista. Me interesa leer el libro de conferencias que dio Lucrecia Martel. Decía: ¿por qué no pensar el cine de hoy como una forma de crear un futuro mejor del que estamos yendo?
LA20: ¿Hacia dónde les gustaría que vaya el cine?
IP: A mí me pasa que últimamente veo que está muy de moda cierto género medio estético, que le dicen “elevated genre”. Y me hincha las bolas. Si tuviera que pensar hacia dónde me interesa que vaya el cine, es claramente hacia la comedia, que es un género que está bastante perdido. Últimamente está muy de moda el cine de la crueldad. Me interesa que el cine no vaya a esa dirección sino a una más luminosa.
MZ: No tengo tan claro hacia dónde quiero que vaya el cine. Tengo claro cuáles son las películas que no me gustan, que son esas con personajes que están cumpliendo con lo que uno espera de ellos, funcionales, que no piensan.
LA20: ¿Se les ocurren ejemplos de directores contemporáneos que les gusten?
IP: Bruno Dumont, que en el último tiempo se inclinó hacia la comedia. Clint Eastwood me emociona muchísimo. Tarantino, Paul Thomas Anderson, los hermanos Safdie. Hong Hang Soo, obviamente. Kelly Reichardt también. Pensando en Argentina, me gustó mucho Tiempo de pagar (2024), de Felipe Wein.
MZ: Yo digo Dumont, por ahí no con L’Empire (2024). Es interesante lo que hacen los directores de Omnes Films. Después, en Lisboa, vi una que me gustó mucho, Vitrival (2025).
LA20: ¿Les gustó One Battle After Another (2025)?
MZ: Me gustó menos que Licorice Pizza (2021). Los primeros cuarenta y cinco minutos dije: “Uy, no, qué lástima”, pero después sí me gustó. Lo mismo me pasó con Anora (2024). Me gustó mucho toda la segunda parte. Cuando la película se transforma en comedia.
IP: Comedia, chicos, hagan comedias.
Ingrid Pokropek (Buenos Aires, 1994) es directora, guionista, productora y docente. Su Ópera Prima, Los Tonos Mayores (2023), ha sido estrenada en la Berlinale 2024 y ha sido galardonada en múltiples festivales (Gran Premio en el Festival de Cine de Jeonju, Mejor Película Iberoamericana en el Festival de Málaga, entre otros). Entre los films que ha producido se destaca Trenque Lauquen de Laura Citarella.
Miguel de Zuviría nació en Buenos Aires en 1992. Fue montajista de Trenque Lauquen, de Laura Citarella, La Noche, de Edgardo Castro, Clementina, de Mendilaharzu y Feldman, Vodka, de Tomás Guiñazú, y Clorindo Testa, de Mariano Llinás, entre otras. Estrenó en la Competencia Argentina del 22º BAFICI su primer cortometraje, Corresponsal Francés. Lo que trajo la tormenta, estrenada en el IndieLisboa 2025, es su ópera prima.
Miguel de Zuviría fue el montajista de Los tonos mayores.