Narrativa sub-30: poéticas y disputas de una generación
Este diálogo se dio en el marco de la Fiesta del Libro Usado, en la Ciudad de Buenos Aires, el 5 de octubre de 2025. Desde acá, una vez más, lxs participantes, Milagros Porta y Juan Álvarez Tolosa, queremos agradecer a Patricio Rago por la invitación y a todos los organizadores por la bienvenida. Al final del texto incluimos un listado tentativo de libros de nuestra generación.
Foto de Julieta Bugacoff.
Juan
¿Cómo están? Yo soy Juan Álvarez Tolosa y al lado mío está Milagros Porta, y tenemos la propuesta de hacer un pequeño mapeo de qué es lo que está pasando en la narrativa joven.
En principio se nos ocurrió hacer un corte etario. Pensamos en la categoría sub 30, que es algo que vamos a volver a preguntarnos y a discutir entre nosotros, para intentar entender qué es lo que están escribiendo los jóvenes, cómo se relacionan con sus espacios de formación y con sus predecesores. La idea es intentar entender cuáles son las disputas entre las estéticas que se están dando en esta generación, específicamente en la narrativa, para hacer un recorte. Creímos que podíamos empezar fijándonos en dónde surgen estos autores nuevos, que es más que nada a través de espacios de formación, de concursos, de premios, de distintos espacios de legitimación, donde se consolidan ciertas narrativas y se generan movimientos o corrientes.
Milagros
Habíamos pensado en traer una selección, asumiendo el lugar de enunciación de personas que escriben, también, y que se leen con amigues que escriben. Entonces nuestro recorte va a ser obviamente muy parcial y sesgado, en parte, por la gente que conocemos. Pero también hemos intentado hacer un esfuerzo de intercambiarnos libros para tratar de exceder un poco esa barrera del amiguismo, que es bastante problemática, y no leer solamente autores de Capital, autores de los mismos espacios que transitamos, donde estamos escribiendo nosotres también.
Sobre esta idea que me decías el otro día de auto-antologarnos: pensábamos que muchas veces los autores jóvenes que nos llegan o a los que leemos son quienes transitaron ciertos espacios, quienes fueron premiados, quienes estuvieron en la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires, por ejemplo, que se conocen ahí y se empiezan a publicar entre sí, como algunes de les autores que trajimos hoy; quienes pasaron por la beca de Todos los tiempos el tiempo; pero después también quienes están estudiando la Licenciatura en Artes de la Escritura de la UNA. Ahí se genera todo un espacio de sociabilización y de intercambio que está produciendo un montón de libros nuevos, un montón de primeras obras de narrativa. En definitiva, queríamos ver qué pasaba si desde nuestra propia posición como parte de la generación tratábamos de auto-antologarnos, salir de esa suerte de antología que recibimos de los espacios de legitimación pensados por generaciones previas que están eligiendo a quién leer o a quién publicar, y tratar de pensarnos entre nosotres.
Juan
Sí. Inevitablemente las elecciones que hacen generaciones previas sobre la nuestra derivan en una replicación de sus modos de lectura y sus preferencias estéticas, y en cierta conservación de un statu quo. Con lo cual, incorporar a ese proceso de selección voces de la propia generación la nutre de una visión auténticamente nueva, antes de que sea del todo contaminada por una idea de canon que hay que seguir. Y en eso creo que los dos, al tener nuestras propias publicaciones, ahí también podemos reflejar nuestra visión, nuestra selección en lo que hacemos.
Milagros
Podemos presentarnos mutuamente. Juan edita la revista Los años 20 junto con Lucila Rivas y Leo Cardemil, y está por publicar su primera novela por Paripé. Y yo publiqué un libro de cuentos por Hexágono Editoras y edito la revista y editorial Taipei. Entonces también pensamos que desde esos espacios que construimos le damos proyección o visibilidad a quienes decidimos nosotros.
Después teníamos la discusión al respecto de qué es una generación, hasta dónde llega una generación. Acá hicimos dos pilas de libros, porque hay un montón de autores que ya están pasados sus treintas, pero que están en sus primeros libros. Hacer un recorte sub 30 es muy limitante, porque lo que tenés son principalmente debuts, primeras novelas, primeros libros de cuentos. Entonces a mí me parece que está bueno incluir también autores en los que ya se empieza a proyectar una obra, una serie de decisiones estéticas.
Juan
Esta fue la primera discusión que tuvimos: si nos inclinábamos por el corte etario, o por el corte de la primera publicación, o por otros tipos de cortes. ¿Qué parece definir a una generación? Pienso que Roberto Chuit, que publicó su primer libro en 2022 con Futurock y es del 90, capaz pertenece a una generación y termina conversando con cosas un poco posteriores a, por ejemplo, Olivia Gallo, que es del 95. Ella, por su lado, publicó en 2019, en un contexto muy distinto, previo a la pandemia, con la editorial Tenemos las máquinas, cercana a los talleres literarios de Santiago Llach, que estaban mucho más en auge en ese momento y que después de la pandemia se fueron desintegrando, él dejó de dar sus talleres, se volvió una escuela y no volvió a ser lo que había sido. Entonces ahí hay algo medio nebuloso.
En principio decimos: autores nacidos después del 95, pero se pueden colar otros previos al 95 que publicaron hace poco, otros que de repente tienen una trayectoria más larga, etcétera. En fin: podemos empezar a hablar sobre esos círculos y corrientes.
Antes mencioné los talleres de Santiago Llach, de los cuales creo que se desprendían y se siguen desprendiendo bastantes discusiones en torno a lo que es la literatura del yo. Ahora me parece que, con nuestra generación, se empieza una nueva especie de reivindicación de lo que es la literatura de la imaginación. Es una especie de ida y vuelta, de dialéctica, que incluso se discute en nuestras propias publicaciones.
Milagros
Sí, las ficciones no miméticas, la literatura especulativa, los géneros. Hay un regreso, de pronto, a los géneros.
Nos preguntábamos también qué discusiones arrastramos de las generaciones previas. Esta división autoficción-contra-imaginación se vuelve cada vez menos operativa para pensar los libros que se están produciendo. De pronto, en un montón de estos libros hay un retorno a los materiales autobiográficos pero desde un lugar desplazado, muchas veces, o no para hablar de la propia vida, sino para hablar… No sé, pienso en Atomizado Berlín, que justo lo venía leyendo hoy, de Julia Kornberg, que intenta hacer un poco un paneo generacional y también un paneo de la situación política, de cierta decadencia, ciertas tensiones del post kirchnerismo. La novela sigue a Nina Goldstein y sus hermanos, Mateo y Jeremías, nacidos y criados en el Nordelta de los tempranos 2000. Cínicos y lobotomizados, cuando crecen los tres se dan a la fuga del barrio privado a diferentes puntos del globo: París, Jerusalén, Berlín. El libro se proyecta hasta el 2035 y termina siendo una especie de distopía, con guerras, ciudades destruidas, neo hackers. De pronto me está costando mucho encontrar libros que piensen qué pasó después del corte que se da, por ejemplo, entre 2003 y 2008, que eso sí es otro corte generacional, o sea, el período del kirchnerismo, la “década ganada”. Pensaba que quizás nuestra generación también está signada por una serie de derrotas históricas, de gobiernos fallidos y de neoliberalismo. Somos nacides y criades en el macrismo, el albertismo, el mileísmo. Entonces hay algo de ese clima de pesimismo y futuro cancelado que muchas veces no se termina de colar en los libros. Por eso resaltaba de Atomizado Berlín, por ejemplo, que sí se hace más cargo del cinismo que produce cierta posición en el mundo, desencantada, abúlica, y me parece que es una novela que piensa con cierta distancia irónica, quizás demasiado corrosiva, en qué consiste crecer en esta realidad y en este contexto nacional.
Juan
Sí, y está bueno lo que decís de cómo esas categorías fueron perdiendo relevancia.
En el libro de Julia Kornberg me parece que pasa algo bastante claro: parte de escenas que parecen por completo autobiográficas y tiene esa misma forma de narrar muy simple, muy llana, de lo íntimo, hasta que irrumpe el género. Los personajes son parte de esa comodidad, ese ensimismamiento de los 2000, y sus propios desplazamientos los llevan a enfrentarse con una otredad que acá se da en forma de ciencia ficción. Así, es una novela que condensa, como una sinécdoque, ese movimiento generacional.
La selección que leímos, en gran parte, ni siquiera termina siendo por completo no mimética o de imaginación, ni por completo autoficcional, sino que toma elementos de ambos mundos. Pienso también en Más cerca de la noche, de Mateo Espina, que es de una editorial nueva de autores en sus veintis: La tarea de escribir. Lo que tienen estos cuentos es que en su mayoría parecen estar hablando de él y de su grupo de amigos, incluso con los mismos nombres, pero en algunos casos también hay un clic y, de repente, se despegan. Por ejemplo, al ficcionalizar una charla universitaria sobre cine que se hizo el año pasado en la ENERC, se parte de la discusión real, pero la situación escala y deriva en una lucha armada entre guerrillas de la FUC y la ENERC, con un país medio distópico que se va a la mierda por los estudiantes de cine que lo destruyen. Y también es ese recurso: agarrar elementos o narrativas que vienen más desde lo autobiográfico, y demostrar dentro de la propia obra cómo eso está virando hacia otro lado.
Después tenés literatura de imaginación más clara. Me parece que está bueno remarcar lo que pasa en la UNA, que me comentabas el otro día, con respecto a la ciencia ficción. Wattpad incluso.
Milagros
Sí, totalmente.
Habíamos hablado el tema de la generación Wattpad… no sé si saben lo que es Wattpad: es una plataforma de escritura de fan-fiction, o sea, de versiones o reformulaciones de películas o libros ajenos narradas muchas veces desde una tónica amorosa, erótica, sexual o vincular. Es una plataforma que, aunque parece un poco un chiste traerla, muchas utilizamos con mayor o menor intensidad en nuestra preadolescencia para escribir primeros intentos de ficción. Como estudiante de la UNA, de la carrera de Artes de la Escritura, noto muchísimo la influencia de esa primera plataforma de intercambio, que también fogoneó el crecimiento de la literatura juvenil, del Young Adult.
También para salirnos un poco de las literaturas más legitimadas o las que más nos gustan o las que nos parecen mejores. O sea, lo que más se lee hoy es narrativa juvenil, fantasy, ciertos géneros que me parece que vienen un poco de, o están relacionados con, esas experiencias de escribir sobre películas que nos gustaban. Y más allá de que muchas veces eso termina produciendo un montón de libros de multinacionales, de los que comprás en Yenny, me interesa mucho cómo se cuela esa tendencia más hegemónica en lo que escriben después personas en sus veintis o estudiantes de la carrera que de pronto tienen otras búsquedas con el lenguaje o con la experimentación, que están tratando de hacer algo quizás más sofisticado o como se lo quiera decir, pero que de pronto siguen escribiendo muchas veces narrativas de formación, de crecimiento.
Entre estos libros hay un montón de coming of age, de educación sentimental, de libros sobre la adolescencia, y a la vez en la UNA también hay un montón de gente queriendo escribir género, ciencia ficción, fantástico. Lo primero que uno pensaría es que escribir fantástico en Argentina viene de Borges, de Bioy, de Cortázar, de cierta tradición rioplatense, pero en este conjunto de autores me parece que también viene de Harry Potter, digamos, y del fanfic sobre Harry Potter.
En mi carrera está lleno de eso, hay una materia que se llama Taller de Géneros y casi todo el mundo elige hacer Ciencia Ficción. Porque hay dos comisiones: la otra es Policial, y el policial como género no es algo que se esté investigando en nuestra generación, hasta donde sé. Muchos de los libros que les estudiantes escriben para presentar como tesis van por este lado de mundos alternativos, de fantasy, de dragones, ese plan. Y por otro lado está la línea más infantojuvenil sobre ser adolescente, pero con algunas búsquedas muy interesantes. El libro que estás leyendo ahora, de Marina Do Pico, Cerca de la savia, a mí me parece buenísimo por cómo piensa, por un lado, el descentramiento que supone ser adolescente y, por otro lado, el descentramiento que supone la locura, articulado con el descentramiento que supone ser mujer: ese triángulo. Con todo eso ella empieza a desgranar un problema de lenguaje, se empieza a desintegrar la voz de la narradora en distintas voces que están en su cabeza, pero está hecho con mucha sensibilidad, con mucho encanto.
Entonces bueno, eso, pensaba en esas plataformas iniciales como germen de donde, por un lado, surge una narrativa más pochoclo o mainstream, y, por otro, aparecen elementos volcados ya en estos libros que trajimos.
Juan
Por el lado de Wattpad y ese tipo de literaturas más del fanfic o lo juvenil, me parece importante marcar que no solo vienen de la juventud, sino de algunos éxitos editoriales. Lo que más se lee ya no son solo esas novelas sobre las que se hace fanfic, sino el fanfic de por sí. Este es el mar, por ejemplo, de Mariana Enríquez, es una novela que parte del fantasy para acercarse al fenómeno de las groupies en el rock, los ídolos, su endiosamiento. Si bien su personaje no es un artista real, los procedimientos y las marcas de género de la novela son tomados de ese tipo de narrativas. Puede confundirse con la fantasía delirante que escribe una fanática sobre la posibilidad de estar con su ídolo.
Y claramente hay un público que está acostumbrado a leer y escribir en Wattpad, y que encuentra ahí un asidero de donde sacar más cosas, de donde sentirse inspirado.
Entonces está esa literatura que vos mencionás, más realista y de iniciación, como la novela que estoy leyendo de Marina Dopico (a menos que aparezca un dragón en lo que me queda). Pero también hay otra novela más full-Wattpad que es 11 chicas, de Roma Coll, que lo que hace es reescribir Harry Potter, pero en vez de en Hogwarts, en el Carlos Pellegrini. De hecho, empieza en la estación de tren, creo que de Retiro, donde las protagonistas se encuentran para viajar durante ese ciclo lectivo hacia el colegio, que en este caso queda en el Sur. En todo ese trayecto se aprovecha para introducir el tema de las casas y para meter algunas especies de gags sobre la adaptación: por ejemplo, en Gryffindor las chicas son más de izquierda, militan el aborto legal, etc., y Slytherin es más conservador. En este sentido, se nota lo que hablábamos sobre Wattpad y los géneros más asociados a él, que suelen servir como primer acercamiento a la escritura y por eso sus formas pueden ser un poco conservadoras: mantienen la estructura de la novela, los arcos de los personajes casi de manual, porque a fin de cuentas imitan best-sellers. Pero lo interesante es cuando se logra domar cierta técnica para llevarla al terreno de una experimentación un poco más propia.
Me quedé pensando en lo que dijiste del Taller de Géneros y los elementos de otros géneros que también se van metiendo en la novela de iniciación. Porque me acuerdo de la novela que leímos los dos, de Martín Bericat, Crueldad del Macá, que salió el mes pasado por Fondo de Cultura Económica. Y lo que pasa en esta novela es puramente realista: una científica, un fotógrafo y un pasante van a la Patagonia, al desierto, a buscar un ave en peligro de extinción. Y ese viaje, que podría remitir un poco a esa cosa medio del siglo XIX de conquista del territorio, se desgrana con distintos registros: la narración del pasado de los personajes, la del presente de cómo van a buscar este ave, transcripciones de transmisiones de la Radio Nacional, fragmentos de historia de la humanidad y anécdotas de la historia de la ciencia.
Milagros
Ahí la novela, Crueldad del Macá, parecería estar pensando tres concepciones de la historia. Hay todo un relato montado sobre la historia de la evolución natural, desde las células hasta los primeros mamíferos; después está la historia de la “conquista del territorio” y obviamente la colonización; y después está la historia como relato mínimo, cotidiano, de la narración en tiempo presente de estos tres personajes que mencionabas.
Juan
Sí, parece haber cierta vuelta a tratar de empatar las hazañas de los humanos, aunque parezcan mínimas, con las hazañas de la humanidad. Aunque claramente está mediado por la visión de alguien nacido en el 99, con ideas muchísimo más deconstruidas sobre la historia y lo que es el bien y lo que es la verdad. Se expresa muy bien en el trabajo de los científicos, que se ven casi pequeños con respecto a la historia y, sin embargo, por más que existe esa imposibilidad de pensar una gran gesta, saben que lo que están haciendo debe seguir avanzando, se debe seguir pensando en términos históricos y casi evolutivos para sostener un progreso, cualquier tipo de progreso.
Y retomo con algo que decía antes: esa novela realista, que antes podría haber seguido una estructura de narración bien lineal, de repente incorpora cosas mucho más formales, de experimentación, que de vuelta habían parecido medio sepultadas en las narrativas bien realistas y autobiográficas de la década pasada y principios de los 2000.
Milagros
Sí, que había un rechazo a pensar la forma, o la estructura.
Juan
Sí, con estructuras más inocentes, transparentes.
Milagros
Bueno, Crueldad del Macá es un poco la primicia que tenemos, porque acaba de salir y ganó el premio Tierra Adentro del Fondo de Cultura Económica. Y quizás es de las más procedimentales que trajimos. Se nota que hay un pensamiento sobre cómo organizar los materiales con los que va a trabajar. Distintos géneros discursivos, distintos regímenes de representación.
Se me ocurre que la novela de Eduardo Savino, Un pájaro cruza el cielo con un grito, que fue publicada por Hexágono Editoras, también tiene algo de eso, del trabajo con documentos, el trabajo con géneros discursivos, cierto retorno al aspecto constructivo de la novela hacia el que en ciertas narrativas, en las décadas anteriores, había más un rechazo. Lo que decíamos antes.
El libro de Bericat también me servía para pasar a esto de para qué se escribe, porque hay un montón de novelas nuevas, un montón de libros de cuentos nuevos, un montón de narrativa joven, y nos preguntábamos un poco para quién se está escribiendo, pero también cuál es el objetivo, en un punto, o si hay un objetivo… utilitario, porque hay mucha competitividad, pienso. Y si el objetivo es llegar a Anagrama y es una carrerita hacia la consagración, entonces bajemos la persiana. No tiene mucho sentido. O sea, el para qué, la pregunta sobre para qué se escribe, para quién se escribe, se nihiliza, se disuelve.
Juan
Cuál es el horizonte de la literatura. Su objetivo más utilitario, incluso dentro de la propia disciplina.
Milagros
Exacto, totalmente. Y perdón, te interrumpo, pero, respuestas posibles: se escribe para intervenir políticamente en la realidad, se escribe para abrir una conversación, se escribe para enrarecer la mirada sobre el mundo, se escribe para hacerle cosas al lenguaje…
Juan
Creo que cualquier objetivo con respecto a cambiar internamente el lenguaje también tiene su deriva en lo político.
Milagros
Seguro.
Juan
Y después, más con respecto a narrativas, también se puede pensar eso: formas de pensamiento sobre la historia, sobre las relaciones interpersonales, sobre la memoria, la psicología o lo que fuera, que puedan puedan generar una forma de pensar el presente, el futuro, el pasado.
Eso es muy claro en la historia de la ciencia ficción: hay diálogos claros entre lo que las narraciones de ciencia ficción imaginan o “predicen” y lo que luego se crea en el mundo real. Después, claro, los autores se inspiran en lo que pasa con la tecnología a su alrededor para escribir otras novelas, otros cuentos. Es un círculo virtuoso, una conversación incesante. Y, aunque es fácil pensarlo en ese género, también es interesante recordar que no es necesario poner cosas en el futuro para que se den estos tipos de ida y vuelta. Pienso por ejemplo en las narraciones de aventura, de exploración típicas de la modernidad, que ya mencioné al referirme a Crueldad del macá. Eran formas de crear una narrativa alrededor de la conquista, alegatos, por momentos casi una justificación, en la medida en que caracterizaban de forma supuestamente realista pueblos y tierras lejanas. Corazón de las tinieblas, con algo de autoconsciencia, ya se hacía cargo de esa necesidad de construir un relato alrededor de ese sometimiento. Entonces, si vamos a pensar formas de avance, de progreso, todo eso viene de la mano con nuevas narrativas que tengan sentido en un gran relato. Es así que podemos hablar de esas conversaciones o intervenciones en la realidad que mencionábamos.
Vuelvo. No en términos de tecnología, pero sí en términos de ciencia ficción y pensamiento del futuro, hay algo de intentar pensar futuros posibles en el libro Julia Kornberg. De hecho, su novela también tiene esa aspiración formal de pensar narrativas no lineales, si bien un poco más clásica que la de Martín Bericat. Y es más: en el caso de Bericat, al hablar de la ciencia nacional, de surcar el territorio argentino, de comunicaciones estatales, creo que va tocando temas casi de agenda, pero de forma sutil, tratando de armar una narrativa alrededor de ellos.
Milagros
Sí, un poco por eso la retomaba para hablar de esto, porque me parece que es de las que más están tratando de intervenir en una discusión, en un debate, sobre la relevancia o la importancia o el aporte de la ciencia nacional. Es casi una novela con la que podrías intervenir en la discusión sobre el desfinanciamiento del CONICET, como que realmente quiere decir algo sobre el presente sin ser panfletaria, sin quedarse en eso para nada. Y a la vez es una novela escrita por un historiador que está haciendo su doctorado, o sea, una persona que viene un poco desde afuera de lo que sería el Salón Literario.
Me gusta mucho esta idea de Silvia Schwarzböck del Salón Literario, de este espacio donde hay ciertas personas que están legitimadas para decir cosas que no se pueden decir y otras que no. Ella dice que cuando de una obra no se puede decir lo que se piensa, a menos que quien lo diga soporte las consecuencias de ofender a otros, es porque la vida de derecha se vive como vida burguesa. Esa forma de sociabilidad regulada que está en el nacimiento de la estética es lo que llama el Salón Literario. Y esto de llegar a Anagrama o de La Consagración también… si el objetivo es participar del Salón, entrar al Salón, hay algo súper muerto en el campo cultural, y se ve mucho eso, los intentos de entrar, los intentos de llegar a algún lugar, y también la pregunta de cuál es ese lugar, cuál es la palmadita en la espalda que estamos buscando.
Juan
La antología hecha por la generación anterior.
Milagros
Sí, el reconocimiento que siempre es de otro y que siempre es de un otro ya consagrado. Entonces me preguntaba, por un lado, qué autores se empiezan a proyectar con una idea de la literatura, con una idea de lo que quieren hacer, con algo para decir, y quién está corriendo la carrerita por llegar a algún lado que no sabemos cuál es ni dónde queda; y, por otro, quiénes le están haciendo cosas al lenguaje, quiénes están tratando de decir algo que no se puede decir, o quiénes, estando por fuera del campo, irrumpen con una novela que interviene en una discusión.
Juan
Igual, de Bericat se puede decir que viene de afuera, de ámbitos no estrictamente literarios, por ser historiador, pero aun así termina insertándose perfectamente. La mención del Premio Todos los tiempos el tiempo, la entrada en Nuevas Narrativas y la publicación en Fondo de Cultura Económica por el Premio Tierra Adentro lo demuestran.
Hay, también, una limitación nuestra al buscar: no logramos encontrar a nadie completamente por fuera del mapa, un marginal total que capaz todavía no surgió, o que capaz sí y no lo vemos. Todos los libros que tenemos acá son de gente con su lugar en talleres literarios más o menos conocidos, universidades, academias, o que publican en revistas u otras publicaciones algo legitimadas. Y pensábamos también cómo sería un caído del mapa total hoy.
Milagros
¿Dónde están los outsiders?
Juan
Claro. Que no lo sepamos, supongo, es la confirmación de que son* *outsiders. Si lo supiéramos, no serían outsiders.
Milagros
También, al ser el recorte de gente que está como máximo en sus treintas, pensaba en quienes están escribiendo en secreto, no sé, a quiénes vamos a conocer después, pero que ahora están escribiendo. Porque, a ver, para publicar tan jóvenes, hay que asumir también que hay que haber traspasado ciertas barreras, hay que haber hecho un esfuerzo para traspasar ciertas barreras. Entonces pienso, bueno, ¿quiénes no están haciendo ese esfuerzo en absoluto y los vamos a conocer después?
Y, volviendo al sesgo, casi todos los autores que trajimos son de Capital Federal. Ahí pensaba en el primer libro de cuentos de Sofía de la Vega, una escritora tucumana, que salió esta semana y que también lo tenemos porque estamos muy comprometidos con traer primicias. Igual vos me discutís un poco si es de nuestra generación o no.
Juan
Un poco lo que dijimos antes: el corte etario o el corte de primera publicación.
Iba a decir que lo de traer primicias es ir en contra de lo que es esta feria, porque claramente no van a conseguir estos libros usados. Así que perdón, Patricio, por publicitar esos libros.
Tenemos también el primer libro de cuentos de Manuel Cantón, para traer la charla de vuelta a los nacidos post 95. De hecho, el mes que viene va a salir su nuevo libro de cuentos por La Pollera. Pienso que en su primer libro sí tiene cuentos más bien intimistas, más bien autobiográficos. Los personajes principales se llaman como él, viven en Capital Federal como él, etcétera. Y es casi el único autor, a partir del mes que viene, de toda esta pilita de los nacidos post 95, que va a tener dos libros de narrativa publicados, con lo cual podemos empezar a ver algo apenas más conformado, algo así como una obra, que es difícil de identificar en un mapeo de jóvenes, de casi todos primeros libros.
Digo “casi el único autor” porque está Olivia Gallo, que también tiene dos libros: había publicado Las chicas no lloran en 2019 y después* sacó No son vacaciones* en 2023. En el caso del primero, pienso, son cuentos con bastantes similitudes a esos de Cantón: situaciones de salidas, de parejas, de amigas, de viajes. Narraciones con gran sensibilidad por pequeños gestos y que no entran, como veníamos diciendo, en los géneros a los que parece haber un vuelco por parte de los que empezaron a publicar unos años más tarde.
En fin. Aquello que decíamos de la cantidad de obras es algo que también habíamos hablado: cómo, en el intento por mapear gente nacida después del 95, estamos tratando de trazar corrientes hoy que capaz no se correspondan con lo que se construya de acá a cinco años. Capaz hay un sismo mundial que reconfigura lo social y lo literario en el mundo y tenemos que hacer esta charla de vuelta.
Milagros
Seguro que va a haber que actualizar. Pero sí, lo máximo a lo que podemos aspirar es a identificar ciertas tendencias o ciertas intuiciones de qué proyectos pueden surgir de esta generación, pero claramente no hay una obra, son debuts. Entonces…
Me está matando que se va a largar a llover. Perdón.
Volviendo a lo de Sofía de La Vega, me parece que aparece algo que no hablamos tanto, que es el trabajo con la voz. Pensaba en Marina Closs de nuevo, no sé si como un antecedente o como una contemporánea, porque justamente Closs viene construyendo obra desde mucho antes. Pero las dos tensan el lenguaje en el sentido de pensar tonos, enunciaciones, más o menos desplazadas. En la estela de Sara Gallardo, de pronto, ¿no? Hay algo de Eisejuaz como registro de oralidad. El primer cuento del libro de Sofía de la Vega es la voz de un caballo, y es hermoso cómo está construido y la textura de esa voz. También me parece una búsqueda imaginativa, pero no en el sentido de la peripecia, sino de la construcción de primeras personas, de enunciaciones, de perspectivas un poco torcidas. La búsqueda de lenguaje que empieza a aparecer.
Juan
Al conocer también a Sofía, uno recuerda su acento tucumano y lo escucha en la voz de los personajes de su libro. Pero creo que, aunque nosotros la conocemos y sentimos la voz de ella, hay algo de cómo están construidos sus cuentos, con las palabras a veces medio distintas a cómo se escriben realmente, la sintaxis algo enrarecida, que hace que el acento se vaya colando muy sutilmente, conformando la voz de un otro. Es el caso de un lector promedio que se encuentra con la oralidad tucumana, como mínimo, y ni hablar cuando se intenta construir la perspectiva de un caballo.
Y sí, es el trabajo con la voz más claro de toda esta selección que hicimos. Pero me parece que hay algo también en el libro de Marina Do Pico: una evolución de una voz súper infantil, inocente al principio, que en esa novela de iniciación tiene su primera menstruación, su primera salida, sus buenas y malas experiencias con parejas, y van madurando también sus modos de expresión. Ahí hay un trabajo, capaz no tan evidente como el de Sofía de la Vega o el de Marina Closs, pero que también le presta atención a la voz.
De Marina Closs me acuerdo de La despoblación, situada en el siglo XVI, en Misiones, donde intenta retratar una población en el borde con lo fantástico, con dilemas religiosos y territoriales a medida que se van desplazando.
En todo esto me parece que hay algo que todavía no está tan presente, o no es tan notorio, en esta pequeña selección post 95, pero que sin duda forma parte de las obsesiones de una generación: se vuelve a intentar un trabajo con el léxico y con la forma, después de esa llanura del realismo que se dio en la última década.
Milagros
Me parece un buen final. Solo agrego que Marina Closs me parece un ejemplo posible de esto, de alguien que escribe desde afuera del Salón. O sea, no tiene redes sociales salvo Facebook, casi no da entrevistas, publica muchísimo, es prolífica, de pronto tiene dos hijas y nadie lo sabe…
Juan
No sabía.
Milagros
Porque no está queriendo ingresar. No sé, me da esa sensación, ella, un poco de outsider. Todo esto que digo es para discutirlo, ¿no? Pero es una autora a la que veo en esa posición, concentrada en hacer su obra.
Bueno, tenemos un par de minutitos más, no sé si hay alguna pregunta.
Juan
Un minuto.
Vera Buendía (desde el público)
Ustedes nombraron bastantes autores durante la charla, pero les quería preguntar cuáles serían sus referencias actuales, de su propia generación, a la hora de escribir. Y por otro lado, justo estuve trabajando y leyendo un texto de Walter Benjamin, “El autor como productor”, y ahí está pensando las condiciones de producción de la obra literaria, y piensa el rol del artista como transformador dentro del modelo de producción y circulación de la cultura. Y les quería preguntar, ¿para ustedes cuál es el rol del artista hoy?
Milagros
Bueno, en principio, referentes de nuestra edad creo que serían a quienes fuimos elogiando más o menos durante la charla. Tengo acá Tres lagunas, un libro de cuentos de Juan Machado que me pareció muy bueno. Cerca de la savia de Marina Do Pico, lo mismo. ¿A quién más nombramos?
Juan
Yo, por mi lado, seguro mencionaría a Sofía La Vega. Hice taller con ella, entonces establecimos una relación muy de amistad en la que vamos pensando la literatura y nos compartimos todo lo que escribimos.
Martín Bericat, también, que fue alguien que me gusta no solo por haber metido otros registros dentro de su novela, sino desde que lo descubrí como cronista y como ensayista: tiene cosas muy interesantes como viajes a Malvinas o perfiles de personajes muy interesantes, que intentan pensar el país y al arte del país de distintos modos.
Bueno, Marina Closs también, claro.
Milagros
Sí, Marina Closs seguro, de entre quienes tienen ya una obra más construida. Casa de agua me pareció buenísimo, creo que lo traje.
Juan
Creo que todos ellos de algún modo muy distinto intentan incorporar cosas extrañas a la literatura más legitimada, como eso que decíamos con Sofía de la Vega y Marina Do Pico con las voces, Martín Bericat con los registros y discursos más políticos, vos tendrás otros ejemplos de los que dijiste. Pero remarcaría eso: cierta vuelta a algunas cosas que se habían dejado afuera, o incluso una primera incorporación de cosas que remiten a nuestra generación y no tanto a otras anteriores.
Milagros
Sí, totalmente.
En cuanto al rol, bueno, tenemos un minuto para decir el rol del artista, pero creo que es un resumen de los diferentes aspectos que fuimos señalando a través de la charla que nos interesan en otres: poder intervenir en una discusión, intervenir en lo que se está pensando en el campo literario, intervenir en la realidad, pero no con una literatura panfletaria o que venga a hacer linealmente un discurso sobre cómo tienen que ser las cosas, sino horadando el lenguaje, horadando las perspectivas cotidianas que tenemos sobre el mundo. Eso, poner en tensión ciertos supuestos.
Por eso en general, al menos en lo personal, me oriento más hacia las literaturas no miméticas, especulativas, imaginativas, porque hay algo del extrañamiento, del procedimiento de enrarecer, que siempre me parece que renueva la mirada sobre el mundo y nuestra posición en él.
Así, muy rápido.
Juan
Suscribo.
Milagros
Bueno, cerramos.
Juan
Muchas gracias a la organización.
Milagros
Y quédense porque van a pasar un montón de cosas más.
Libros tenidos en cuenta de autorxs nacidxs a partir de 1995:
Crueldad del macá, Martín Bericat
Cerca de la savia, Marina Do Pico
Un año sin verano, Manuel Cantón
Más cerca de la noche, Mateo Espina
11 chicas, Rama Coll
Las chicas no lloran y No son vacaciones, Olivia Gallo
La venganza es un gato amarillo, Camila Sadi
Atomizado Berlín, Julia Kornberg
Así es la telepatía, Julieta Blanco
Febo, Sol Traverso
El último hombre perfecto y Días de estreno, Manuela Martínez
Formas propias y Los despiertos, Matías Fernández Burzaco
El chico de fuego, Almendra Veiga
Mi último atardecer uruguayo, Zoe Hochbaum
Aguamala, Milagros Porta
Libros tenidos en cuenta de autorxs nacidxs entre 1990 y 1995:
De los potrillos nacen ríos, Sofía de la Vega
La despoblación, Casa de agua, etc., Marina Closs
Comentarios al Náucrato, Tomás Rebord
Lejos en el mapa, Manuel Tacconi
Que pase algo pronto, Agustina Espasandín
Tres lagunas y Como corderos, Juan Machado
Un pájaro cruza el cielo con un grito, Eduardo Savino
El verano que no llovió, Ju Donzelli
Quiebra el álamo y Si sintieras bajo los pies las estructuras mayores, de Roberto Chuit Roganovich
Azara, Ana Iriarte
La flamenca, Ana Montes
Parece sangre en el paño blanco impecable, Gilda Izurieta
Bajo lluvia, relámpago o trueno, Fermín Eloy Acosta
El Coloso Justicialista, Juan Ruocco
Los sonámbulos, Thomas Rifé
Zig zag, Dante De Luca
El museo de la memoria humana, Valentino Cappelloni
El idioma de los peces, Lara Armada
Mapas terminales y Acá empieza a deshacerse el cielo, Lucila Grossman
Y los muertos, que nos escupen, Francisco Outeda
Mi Suzuki, Verónica Volman
Milagros Porta nació en Buenos Aires en 2002. Estudia la Licenciatura en Artes de la Escritura (UNA). Es editora en Taipei. Fue seleccionada en dos ocasiones por la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires, en las categorías de relato breve y novela. En 2022 publicó el libro de cuentos Aguamala (Hexágono Editoras) e integró las antologías de narradores jóvenes Los amigos difíciles (Nomen Nescio) y Tan diversa (Mardulce). En 2023 coeditó el libro Mumblecore. Exploraciones sobre el cine independiente norteamericano (Taipei Libros). Su texto “Una defensa del mamotreto” formó parte del #1 de Los años 20.
Juan Álvarez Tolosa nació en 1999 en Villa Sarmiento, Provincia de Buenos Aires. Escribe desde los 8 años, cuando su hermano le prometió un juego de PlayStation a cambio de un poema. Publicó artículos sobre música, televisión y literatura en varios medios. Codirige y edita Los años 20.