Una revista política
Un año después del primero, llega este segundo número de Los años 20. Durante ese tiempo, fueron muchos los emprendimientos escritos y audiovisuales que nacieron para pensar este presente. Algunos también eligieron el papel; algunos también podrían ser llamados “generacionales”. Surgieron preguntas: dónde habían estado todo este tiempo, por qué habían esperado tanto para aparecer. No tenemos una hipótesis al respecto, pero es evidente que la sacudida que supuso el triunfo de Milei revitalizó algunas discusiones que venían empantanadas.
En estos meses participamos en debates, streamings, ferias, charlas, entrevistas. El asunto de “la vuelta al papel” surgió en casi todos los espacios. Se habló de nostalgia, resistencia, romanticismo. Nada de eso nos convence del todo. Elegimos el papel porque a ciertos textos les queda bien: los obliga a tener un espesor, un ritmo, a ser de largo aliento, a que renuncien a la coyuntura sin dejar de ser contemporáneos, con un trabajo intenso de selección, edición e intercambio con los autores. No somos inconscientes respecto a lo que conlleva un medio u otro, pero nuestra apuesta por el papel no se produce por algún tipo de resistencia al presente o porque “lo viejo funciona”. De hecho, elegimos también tener un blog porque entendemos los límites del papel, porque creemos que hay lecturas que piden otra velocidad. Valoramos la lectura en cualquier soporte que sirva para empalmar públicos y conversaciones. No nos emociona el simple hecho de hacer. Nos entusiasma lo que hay atrás, o adentro, de ese hecho: lo importante son los textos, las obras, sus ideas y lo que producen.
Al igual que en su debut, el #2 de esta revista no es temático ni tuvo una bajada particular para sus autores. Aun así, los ensayos se hicieron eco involuntariamente. Tecnología, progresismo, política, identidad, ficción, realidad: todos son temas que aparecen en los textos, sin que por eso los agoten. La potencia literaria y expresiva de cada uno basta para justificarlos.
En el primer número abundaban los diagnósticos sobre la cultura. Ahora intentamos encontrar con los autores una reivindicación y una mirada a futuro. Estamos convencidos de que hay que hablar de lo que no nos gusta, identificarlo y discutirlo. Pero, del mismo modo, se deben poner sobre la mesa las ideas que *sí *pensamos que proponen una visión del arte y del mundo más cercana a la nuestra. O sea: qué es lo que vale la pena de hoy, dónde está, cómo se está haciendo, cómo se tiene que continuar.
En cuanto a las obras visuales, volvimos a optar por pinturas y fotografías que funcionan más como desvíos que como ilustraciones, que reúnen técnicas, imaginarios lejanos, miradas alucinadas sobre la realidad cotidiana, ficciones. Como sugiere la tapa, hicimos esta revista en un presente concreto (Buenos Aires, 2025) pero simultáneamente en un lugar y un tiempo que se le parece sin serlo del todo. Nos parece la mejor manera de trazar un mapa que articule presente, pasado y futuro, sus puentes, sus desiertos, sus cielos, sus mares y sus caminos.
Estamos conformes con la recepción del primer número: se leyó, se comentó, generó invitaciones y discusiones. Sí lamentamos no haber recibido objeciones demasiado graves, al menos en voz alta. Así que aprovechamos este espacio para rogarle a quien se oponga a alguno de estos textos o a la revista toda, que lo haga saber públicamente. Es un deber con la época, una buena política: decir lo que se piensa.